¿Se hace ejercicio en bicicleta eléctrica? Te desvelamos toda la información

En los últimos años, las bicicletas eléctricas han inundado nuestras calles y caminos, ofreciéndonos una alternativa sostenible y cómoda para desplazarnos. Pero muchos se preguntan: ¿realmente se hace ejercicio en bicicleta eléctrica o la asistencia al pedaleo reduce el esfuerzo físico al mínimo?

En este artículo, vamos a profundizar en esta cuestión. Analizaremos cómo las bicicletas eléctricas pueden beneficiarnos físicamente y si son una opción válida para mantenernos en forma. Acompáñanos mientras desmontamos mitos y descubrimos verdades sobre el ejercicio en el mundo de la movilidad eléctrica.


La evolución de la bicicleta: del pedaleo tradicional a la asistencia eléctrica

¿Qué es una bicicleta eléctrica?

Las bicicletas eléctricas, o e-bikes, son una fusión entre la bicicleta convencional y la tecnología eléctrica moderna. Se trata de bicicletas equipadas con un motor eléctrico y una batería que asisten al pedaleo, facilitando nuestros desplazamientos sin eliminar el esfuerzo físico por completo. A diferencia de una moto, la bicicleta eléctrica requiere que sigamos pedaleando para que el motor funcione, manteniendo así la esencia del ciclismo tradicional.

Cómo funciona la asistencia al pedaleo

La asistencia al pedaleo se activa mediante sensores que detectan nuestro movimiento. Cuando comenzamos a pedalear, el sistema nos proporciona un impulso adicional, ajustable en varios niveles según nuestras necesidades. Esto es especialmente útil en subidas o contra el viento, donde el esfuerzo físico suele ser mayor. La batería recargable alimenta el motor, y su autonomía puede variar entre 50 y 100 kilómetros dependiendo del modelo y del nivel de asistencia utilizado.


Beneficios físicos del uso de bicicletas eléctricas

Activación muscular y quema de calorías

A primera vista, podría parecer que la asistencia eléctrica disminuye el esfuerzo físico, pero la realidad es que al montar en una bicicleta eléctrica seguimos activando nuestros músculos. Nuestras piernas trabajan constantemente para pedalear, y aunque el motor nos brinda un apoyo, somos nosotros quienes controlamos el ritmo y la intensidad. Esto se traduce en una quema de calorías significativa, pudiendo llegar a quemar entre 300 y 400 calorías por hora dependiendo del nivel de asistencia y el terreno recorrido.

Además, la e-bike nos permite afrontar rutas más largas o con mayores desniveles que quizás evitaríamos con una bicicleta convencional. Esto significa que podemos prolongar el tiempo de ejercicio y trabajar grupos musculares que, de otro modo, no activaríamos. En resumen, las bicicletas eléctricas nos ofrecen una forma efectiva de mantenernos activos sin sobrecargarnos.

Mejora de la resistencia cardiovascular

El uso regular de la bicicleta eléctrica también contribuye a mejorar nuestra resistencia cardiovascular. Al mantener un pedaleo constante, nuestro corazón y pulmones trabajan para suministrar oxígeno a los músculos, fortaleciendo así el sistema cardiovascular. La asistencia eléctrica nos ayuda a mantener un ritmo estable, lo que es ideal para realizar entrenamientos aeróbicos sin experimentar fatiga excesiva.

Además, al poder ajustar los niveles de asistencia, tenemos la libertad de incrementar gradualmente la intensidad de nuestros recorridos. Esto nos permite adaptarnos a diferentes estados de forma física y objetivos personales, ya sea que busquemos mejorar nuestra salud cardiovascular o simplemente disfrutar de un paseo al aire libre mientras nos mantenemos activos.


Comparativa: ejercicio en bicicletas tradicionales vs eléctricas

Intensidad del esfuerzo físico

Cuando comparamos el ejercicio en bicicletas tradicionales con el de las eléctricas, es natural preguntarse cuánto varía la intensidad del esfuerzo físico. En una bicicleta convencional, toda la energía proviene de nuestro pedaleo, lo que puede resultar en un esfuerzo considerable, especialmente en terrenos inclinados o recorridos largos.

Por otro lado, las bicicletas eléctricas ofrecen la posibilidad de ajustar el nivel de asistencia al pedaleo. Esto significa que podemos elegir cuánta ayuda recibir del motor eléctrico. Si seleccionamos un nivel de asistencia bajo o incluso lo apagamos, el esfuerzo requerido se asemeja al de una bicicleta tradicional. Estudios han demostrado que al usar una bicicleta eléctrica, se puede llegar a realizar hasta el 75% del esfuerzo que se haría en una bicicleta convencional, lo que sigue representando una actividad física significativa.

Impacto en diferentes grupos musculares

En términos de activación muscular, ambas bicicletas trabajan principalmente los mismos grupos musculares. Los músculos de las piernas, como los cuádriceps, isquiotibiales y gemelos, son los principales protagonistas en el pedaleo. Sin embargo, al usar una bicicleta eléctrica, es posible que nos aventuremos en rutas más largas o con mayores desniveles, lo que puede conducir a un trabajo más completo de la musculatura.

Además, el peso adicional de la batería y el motor en las bicicletas eléctricas implica que necesitamos un mayor control y equilibrio, lo que activa los músculos del core y de la parte superior del cuerpo. Por lo tanto, aunque la asistencia eléctrica puede reducir el esfuerzo en ciertas situaciones, el impacto global en nuestro sistema muscular sigue siendo significativo y beneficioso para nuestra salud.


Mitos y realidades sobre el ejercicio en bicicletas eléctricas

Desmontando la idea de que «no se hace ejercicio»

Es común escuchar que las bicicletas eléctricas «hacen todo el trabajo» y que, por lo tanto, no aportan beneficios físicos. Sin embargo, esta percepción no podría estar más alejada de la realidad. Aunque la bicicleta eléctrica proporciona asistencia al pedaleo, somos nosotros quienes seguimos moviendo los pedales y controlando la bicicleta. La asistencia simplemente reduce la resistencia que encontramos, pero no elimina el esfuerzo por completo.

De hecho, al utilizar una bicicleta eléctrica, tenemos la opción de ajustar el nivel de asistencia según nuestras necesidades. Si buscamos un entrenamiento más intenso, podemos disminuir la asistencia o incluso apagarla. Por el contrario, si necesitamos un respiro en una subida empinada, podemos aumentar la asistencia para mantener un ritmo constante sin agotarnos. Esto nos permite personalizar nuestro ejercicio y adaptarlo a nuestro nivel de condición física.

Estudios que respaldan sus beneficios

No son solo percepciones personales; hay investigaciones que respaldan los beneficios físicos de las bicicletas eléctricas. Un estudio publicado en la revista Transportation Research Interdisciplinary Perspectives encontró que los usuarios de bicicletas eléctricas realizan recorridos más largos y frecuentes que los ciclistas tradicionales. Esto se traduce en un mayor gasto energético total a lo largo del tiempo.

Otro estudio de la Universidad de Basilea en Suiza reveló que montar en bicicleta eléctrica puede mejorar la aptitud cardiorrespiratoria casi tanto como una bicicleta convencional. Los participantes mostraron mejoras significativas en su salud cardiovascular después de solo cuatro semanas de uso regular. Estos hallazgos demuestran que las bicicletas eléctricas son una herramienta eficaz para mejorar la salud y el bienestar, desmontando así el mito de que «no se hace ejercicio» al utilizarlas.


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Manuel García Sanz

Sobre el autor: Manuel García Sanz

Fundador de EcoMove e ingeniero informático. Conocido como el "geek de la e-movilidad", su análisis técnico ha sido consultado en medios como RNE e Híbridos y Eléctricos. Su misión: probar la tecnología real para que elijas bien.

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