Los vehículos híbridos disponen de dos tipos de motores debidamente conjugados y normalmente, de acumulación de energía, regulación entrega de potencia y recuperación de energía.
Existen vehículos eléctricos que tiene motor térmico para aumentar la autonomía y recargar baterías y vehículos convencionales, que incorporan sistemas de acumulación y gestión de, al menos, dos tipos de energías para optimizar su eficiencia.
Otras soluciones híbridas no eléctricas son los híbridos térmico–hidráulicos, que disponen de motor térmico más motor hidráulico, utilizan las frenadas para acumulación como energía hidráulica y su uso se destina, principalmente, en furgonetas de reparto.
La propulsión híbrida como solución energética ofrece una razonable relación entre el coste y la efectividad y es fiable, por cuanto la combinación de motores térmicos con motores eléctricos y acumuladores se aplica en la ingeniería desde hace más de 100 años.
Atendiendo al nivel de electrificación, los sistemas híbridos se clasifican así:
- Stop–Start (micro híbridos). Baterías mayores y gestión del motor:
- Motor de arranque convencional
- Alternador reversible
- Arranque directo (inyección directa de gasolina)
- Híbridos ligeros (mild hybrid). Cambios sustanciales en diseño motor, transmisión y baterías con mayor capacidad:
- Motor térmico siempre propulsa.
- Motor eléctrico → arranque + ayuda en aceleración
- Recuperación frenadas
- Híbridos integrales (full hybrid). Gestión compleja del sistema:
- Motor térmico y motor eléctrico pueden propulsar independientemente o coordinados
- Híbridos enchufables (plug—in hybrid). Baterías de gran capacidad de carga:
- Pueden recargar electricidad desde la red con un enchufe
- Posibilidad de funcionar al menos 16 km en modo eléctrico puro